El chantaje

 

Mas: “¿Cree que los mercados permitirán que España y la UE dejen a Cataluña fuera del euro y la UE? (…) Un escenario con Cataluña fuera del euro sería de locos”. Mas se ha tirado un farol y tiene que llevarlo hasta el final. El objetivo parece ser dejar la pelota en el tejado de la UE y España. Cuando la independencia ocurra — si ocurre — el discurso catalanista parece que va a ser que los problemas surgidos porque Cataluña está fuera del euro serán culpa de aquellos que no les dejan entrar. Y teniendo en cuenta que los catalanes, en un principio, seguirían siendo europeos — como acaba de descubrir Rajoy — podría haber cierta base para tal argumento, puesto que la UE estaría dejando a su suerte a 7,5 millones de sus habitantes. Este sería, a mi entender, el argumento de un hipotético gobierno independiente.

El problema es que uno no puede eludir la responsabilidad sobre una decisión que se toma conociendo las consecuencias de la misma. Es decir, si la UE y varios de sus líderes han advertido que Cataluña no entraría en el euro, en buena parte porque necesitarían el voto a favor de España, uno no puede simplemente ignorar estas declaraciones y echar la culpa a los demás. Si te han dicho que no entras en la UE, sabías a lo que venías. Los más partidarios de la independencia puede ser que estén dispuestos a cualquier cosa e incluso a quedarse fuera de la UE, pero dudo mucho que todos los votantes de JxSí-CUP — que aún consiguiendo la mayoría de escaños podrían ser una minoría del electorado — estén tan dispuestos a pasar por ese calvario. Tomar esta decisión con los resultados de unas elecciones autonómicas — escaños en lugar de votos,muchos factores en juego…— en vez de un referéndum ya es una irresponsabilidad, pero obligar a una parte de la población a pasar por ese proceso tan complicado, por algo que además no desean, es todavía peor. Veremos que pasa mañana, pero lo cierto es que esta es, claramente, una situación que debería haberse evitado. La falta de diplomacia es lo que tiene.

 

“No habrá independencia”… porque no se quiere

“No habrá independencia”. Esa fue la contundente frase que empleó el presidente del congreso Jesús Posada para responder a las palabras del representante de ERC, Joan Tardá,  que afirmaba hace unos días que el proceso “no lo va a parar ni Dios ni por supuesto Rajoy”.

El gobierno central muestra así, una vez más, su posición con respecto a la cuestión de Cataluña, una postura firme que se asienta en la supuesta imposibilidad legal de la secesión. Los representantes del Partido Popular llevan meses afirmando que no habrá independencia porque la Constitución, ese magnífico y aparentemente imperturbable texto, no lo permite. Y que, como no lo permite, pues no hay más discusión. Y que no van a ser ellos quienes se paren a escuchar a ver si hay alguien que quiera cambiarla. Para el PP ese papel representa la voluntad popular ― a falta de un término menos prostituído ― y por tanto no es necesario más discusión, a pesar de que la firma se produjera hace casi treinta años en una democracia que nacía en unas circunstancias muy diferentes a las actuales.

Pero lo que más me sorprende de esta postura del gobierno no es su posición en sí, que es más que coherente con sus planteamiento ideológicos, sino la manera de presentarla y los argumentos empleados. Digo esto porque el gobierno central podría sencillamente argumentar que la independencia en sí podría darse, pero explicar que no hay un apoyo mayoritario para que esto suceda y que esa decisión no debe ser tomada unilateralmente por Cataluña.

En las últimas elecciones catalanas las fuerzas que apostaban por el “procés” (CiU+ERC) consiguieron una mayoría en el parlamento que, aunque exigua, les permitió gobernar durante cuatro años. Sin embargo, si analizamos los resultados de las elecciones más detenidamente y teniendo en cuenta la abstención, que ronda el 30%, vemos que la victoria de estas fuerzas podría no ser suficiente para legitimar una decisión tan importante como esta. Estas dos fuerzas sumadas, e incluyendo también a EUiA-ICV y las CUP, obtuvieron en total 2.093.709 votos, que representan cerca del 40% del electorado. Esto, sin ser una mayoría  tampoco es, ni mucho menos, una masa social desdeñable.

Pero tal vez estos resultados no sean precisamente los mejores para evaluar el apoyo a la independencia, puesto que las elecciones, por mucho que algunos ahora quieran presentarlas de esta manera, no son plebiscitarias. Es decir, no son para decidir acerca de una cuestión, sino para escoger a los representantes políticos, que deben decidir acerca de muchos asuntos, y no sólo la independencia. El hecho de que cada partido se deba situar a lo largo de distintos ejes como izquierda-derecha o pro-anti independencia hace que se mezclen diferentes cuestiones a la hora de votar. De esta manera habrá abstenciones de personas independentistas que no se sientan identificadas con esos partidos por su posición en otros temas o por la corrupción. Y lo mismo ocurre en sentido opuesto. Es por eso que, aunque no pueda tener validez oficial por la ilegalidad y el alto grado de abstención, la consulta del 9N puede servir también como medida de fuerza del movimiento catalanista. En dicha votación participaron 2.305.290 personas ― aproximadamente el 33% de los llamados a votar ―, de las cuales 1.861.753 ― el 80% ― votó sí-sí. Vemos como en este caso, dos años después de las elecciones autonómicas y ampliando ligeramente la base electoral (podían votar los mayores de 16), el apoyo a la independencia parece que decrece ligeramente, de algo más de 2 millones a 1,8 millones.

Aunque ambas votaciones no sean comparables por diferentes motivos (tipo de pregunta, la base electoral, el momento, los votantes desilusionados por la no-validez e ilegalidad etc.) sí que se pueden extraer ciertas conclusiones si las tomamos conjuntamente. En las autonómicas catalanas el apoyo de estos partidos rondaba los 2 millones y en la consulta votaron sí-sí 1,8 millones. Si partimos de la premisa de que la mayor parte de los pro-independentistas fueron a votar y votaron sí-sí en la consulta, podemos ver que en ninguno de los dos casos parece haber un gran apoyo a la independencia o, por lo menos, no lo suficiente como para tomar una decisión de semejante calibre.

Entonces, ¿por qué esa cerrazón desde el gobierno? ¿Por qué oponerse tanto a un referéndum en el que probablemente salga el no? En vez de argumentar  en contra y demostrar que, aunque su presidente sea nacionalista, Cataluña no está mayoritariamente a favor, han repetido hasta la saciedad que no se puede porque las leyes españolas no lo permiten. Leyes que, en una democracia, deben adaptarse a los tiempos y a la voluntad de las personas. Esta postura, en mi opinión, no sólo no parece del todo democrática, sino que además resulta contraproducente si el objetivo es aplacar un movimiento catalanista que, como se ha señalado muchas veces, es mucho ruido y pocas nueces. Aunque un reférendum no pueda hacerse de cualquier manera, este parece necesario para, de una vez por todas, tomarle el pulso al independentismo y decidir si realmente existe voluntad o si es simplemente el deseo de un grupo ruidoso.

 

Fracking en Canarias, ¿merece la pena el riesgo?

“El fracking es muy seguro, no hay nunca vertidos. Sino mira en EEUU, que llevan años haciéndolo y no pasa nada”. Pues mira, resulta que sí pasa, más de 8600 vertidos en 8 años y 10 meses, tan sólo en Dakota del Norte.

Y el otro argumento: “Traerá muchos puestos de trabajo”. Pero, ¿Por cuánto tiempo? y sobre todo, ¿a costa de qué?. El fracking traerá beneficios por un tiempo, pero el daño potencial que produzca al ecosistema puede durar muchos años más y afectar al principal motor económico de las islas que es el turismo. Y usando un poco de toería económica: Los beneficios futuros del turismo no tienen ningún horizonte concreto en el tiempo, de manera que son casi incalculables, pero pueden perderse para siempre si el daño es suficientemente grande. Y los beneficios de la extracción están claramente limitados en el tiempo ¿Merece la pena sacrificar un largo futuro por unos pocos años de prosperidad económica?

Este es, por supuesto, el punto de vista canario, que nadie esperaba que le interesara a Repsol, pero que tal vez debería interesarle a nuestro ministro y su Ministerio.

http://earthjustice.org/features/north-dakota-and-fracking

Patriotas de pulsera rojigüalda

“Iberdrola responde a la reforma eléctrica llevándose la inversión de España”, El País, 19 de febrero de 2014.

Ignacio Galán, presidente de Iberdrola: “En estos momentos somos más británicos, estadounidenses y mexicanos que españoles”.

Esto va para todos aquellos que aún dicen que las empresas del Ibex 35 son “empresas españolas” y que por eso debemos apoyarlas (véase el caso de expropiacion de YPF). Empresas que tributan en paraísos fiscales, que invierten la mayor parte de su capital en el extranjero y que pertenecen, seguramente en su mayor parte también, a extranjeros.

¿Son estas las grandes empresas españolas que supuestamente debemos defender en el extranjero?. Pues qué queréis que os diga,yo creo que debemos defender a las que se lo merecen, a las que nos aportan algo, pero no a compañías evasoras de impuestos e inversoras en otros países, empresas cuya única nacionalidad es el dinero.

“En estos momentos somos más británicos, estadounidenses y mexicanos que españoles”. Sinceramente creo que esta es simplemente la constatación de lo que parece desde fuera, y que es aplicable a muchas grandes compañías “españolas”.

Como bien diría Pablo Iglesias, en España lo que tenemos son “patriotas de pulsera rojigüalda”.

Confrontación de ideas, por Javier Gallego

Esa idea que mencionas de oponer ideologías, aunque sean extremas, sería muy sana porque muchos lectores, oyentes en tu caso, no reciben bien opiniones contrarias a sus convicciones y buscan lo que quieren oír.

Eso es verdad y ahí caemos todos, yo soy el primero que reconoce ese error. Y es muy importante que nos confrontemos con la idea contraria, es muy cómodo recibir lo que tú ya sabes y reafirmarte en lo que crees. Es un trabajo que tenemos que hacer los periodistas y que muchas veces no hacemos, cuando recibimos la idea contraria es para atacarla y deberíamos tomar la distancia y decir “yo no pienso como este señor, pero quiero que tenga aquí un micrófono” porque es otra de las formas de ver la realidad. Yo tuve algunas experiencias en Carne Cruda y es verdad que hubo reacciones virulentas por parte de algunos oyentes, sin embargo, en el equipo lo hablamos y nos pareció necesario. Deberíamos hablar mucho más con el otro lado para romper con estas dos Españas de las que siempre se habla. Creo que tanto periodistas como lectores y oyentes deberíamos empezar a dudar más de nosotros mismos, me aplico el cuento. Nos cuesta oír lo que no queremos oír. Y a veces hay que hay que ser crueles, porque eso es lo que al final hace que se muevan las cosas y que se produzca el diálogo, cuando se rompe la pared y de repente dos voces opuestas pueden llegar a entenderse. Lo que pasa es que la información está totalmente polarizada, tenemos unos medios lanzando flechas a otros y defendiendo corrales políticos. Que haya periódicos que directamente sirvan de brazos propagandísticos de partidos políticos me parece la muerte del periodismo.

[Extracto de la entrevista de JotDown a Javier Gallego que podéis leer aquí]

Montoro y el IVA por Xavier Sala-i-Martín

A pesar de todas las cosas en las que no estoy de acuerdo con este hombre a esta respuesta no le sobra ni un punto ni una coma.

¿Cómo valora el trabajo de Luis de Guindos y de Cristóbal Montoro durante este último año?

Ya lo he explicado. Han hecho lo contrario de lo que prometían. Recomiendo que la gente escuche los discursos que hacía Montoro cuando el PSOE subió el IVA. Que lo escuchen. Y los de Rajoy. Subir el IVA era lo peor del mundo. Montoro ha mentido sistemáticamente. Pero la cosa es mucho más grave: el argumento utilizado por Montoro para subir el IVA es que “en este país hay mucha gente que evade”. ¿Tú crees que es normal que un ministro tenga esa falta de ética? “Como la mitad de los españoles no paga impuestos, vamos a subir la carga de los que cumplen con su obligación”. Si hay gente que evade impuestos en España lo que tiene que hacer Montoro es dimitir. Porque su obligación como ministro de Hacienda es cobrar los impuestos a los que no pagan, no castigar a los que pagan. A mí esto me horroriza: por su falta de ética y por su descomunal incompetencia. Yo no entiendo por qué la gente no hace una revolución. La gente debería estar en la puerta del Ministerio quemándolo todo. ¿Qué dice este ministro? Nos está induciendo a que no cumplamos. “Si no cumples no te preocupes, ya putearemos más a los que cumplen”. ¿Y qué pasa ahora si la gente que se siente traicionada por su gobierno decide evadir más? ¿Volverán a subir el IVA de los cumplidores? ¿Y cuándo se acaba este argumento? Realmente, que un señor como Montoro sea ministro dice muy poco de España. ¡Y después van y se chotean de Uganda!

[Extracto de la entrevista de JotDown a Xavier Sala-i-Martín que puedes leer aquí]