¿Ajustar para crecer o crecer para ajustar?

Este es el dilema al que se enfrentó la economía mundial cuando se decidió a salir de la crisis en la que había entrado, allá por el 2008. La disyuntiva a la que se enfrentaban los gobiernos era la siguiente:

El primer camino que se puede tomar es el de ayudar a la economía a crecer, generando, lógicamente, un incremento de la deuda pública. Después, una vez que el aparato comienza a funcionar de nuevo sería el momento de hacer los denominados “ajustes”, encaminados, principalmente, a reducir ese déficit creado para insuflar aire a ese globo vacío que es la economía del país.

La segunda opción es realizar el proceso de manera inversa, es decir, “recaudar” el dinero antes para alcanzar la llamada “estabilidad presupuestaria”, y una vez conseguido esto, utilizar esos recursos para reactivar la demanda y, por tanto, la producción.

Pues bien, en su  momento los actores más importantes de la economía mundial se decidieron ante está bifurcación: Los EEUU y la mayoría de los países emergentes escogieron la primera opción, crecer para ajustar, mientras que la Unión Europea se decidió por el equilibrio presupuestario en primer lugar.

¿Y que ha ocurrido a partir de esta decisión? Pues que el primer grupo de países experimento un mayor crecimiento (en realidad, un menor decrecimiento) durante el 2009 y los años posteriores. Evolución EEUU Evolución UE.

En realidad, hasta este punto no hay nada sorprendente, EEUU se dedicó a estimular la economía y en cierta manera lo ha conseguido, mientras que la UE se  proponía otros objetivos, por lo que no es extraño que los americanos hayan crecido más que nosotros. En teoría ahora, o dentro de poco tiempo, le tocaría el turno de crecer al Viejo Continente, y todo estaría bien, llegaríamos todos al mismo final por diferentes caminos pero ¿No creen ustedes que el camino es importante?

Dentro de nuestro terreno de juego, la UE, nos encontramos dos grupos diferenciados: Los que se mantienen relativamente fuertes, y los que se podría considerar que están en la UVI, los PIIGS (Portugal, Italia, Ireland, Greece, Spain). De entre los países que lo conforman encontramos culturas, sociedades, idiomas, gobernantes, características y, sobre todo, sus situaciones económicas  muy distintas y, sin embargo, parece que todos comparten la misma idea de cómo salir de la crisis y cual es la ruta a seguir (¿qué casualidad verdad?), y así se ejecuta, independientemente de dónde y cuándo haya que hacerlo. Y es que la política económica de cada país no está determinada por él mismo, atendiendo a sus propias características y necesidades en cada momento, sino que viene dictada por el grupo fuerte, el pelotón de cabeza, formado por Francia, Reino Unido y Alemania, siendo esta última el líder indiscutible. Y es que a estos pesos pesados les importa mucho lo que les ocurra a los de atrás, puesto que tienen no sólo una moneda común con ellos, sino también muchísimo dinero invertido y que quieren recuperar. Pero si hay algo que parece que le importa bien poco a la locomotora europea de sus vagones es la carga, es decir, los ciudadanos de a pie. Parece que se han olvidado de que más allá de los números y de las deudas hay personas, de que no es lo mismo crecer desde una mala situación para luego ajustar, que ajustar estando ya en lo peor para luego crecer. ¿Y qué si el déficit es alto? ¿Quién sufre por ver aumentar una cifra?

Cierto es que un país no puede endeudarse indefinidamente, y que hay que tratar de hacerlo a un interés bajo, y que para financiarse barato hay que conseguir que otros países (o los famosos “mercados”) confíen en ti. ¿Y para eso que hacen los gobiernos? Pues recortar y recortar, recaudar dinero para pagar sus deudas y dar imagen de buen pagador. Y es aquí donde aparece, para mí, uno de los principales problemas: Que por mucho que se esfuercen en “generar confianza” a los prestamistas les sigue compensando decir que España está muy mal, por que de esta manera pueden seguir prestándonos al 7% en vez de al 4%, sacando tajada de nuestra situación. Podría alguien desde Europa darnos dinero más barato para ayudarnos a salir del pozo, pero está claro que no interesa, eso no da dinero (Ojo, los rescates son dinero barato, pero imponen durísimas condiciones, es decir nuevos ajustes, por lo que no solucionan nada).

¿Y mientras que ocurre? Que la mayoría de la población no trabaja, porque no hay nadie que consuma, entonces no pueden pagar impuestos. Entonces suben el IVA, para recaudar más, y eso hace que se consuma aún menos y haya menos trabajo y así sucesivamente, recorte tras recorte, mientras la gente sufre. Es una bola de nieve que crece y crece, y que yo, por lo menos, no sé cuando va a empezar a deshacerse, porque para ello haría falta, primero, un cambio de actitud desde el gobierno, lo cual parece difícil, y segundo, los recursos necesarios para fomentar el crecimiento, los cuales también se encuentran lejos de llegar viendo la actitud del norte hacia el sur.

Y una vez llegados a este punto yo me pregunto ¿Cuando nos llegará el momento de crecer? Porque yo creo que ya hemos ajustado bastante.

P.D: Se podría hablar de muchas otras cosas más respecto a este tema. Como el estímulo que intentó ZP con el Plan E y otras medidas, o lo que ocurrió con EEUU, pero lo dejaré para siguientes entradas.

P.D 2: El título y la idea inicial de este texto los he sacado del libro de Joaquín Estefanía “La economía del miedo”, pero el razonamiento siguiente es de cosecha propia. Por cierto, muy recomendable el libro.

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