Economía social

Se me ocurre escribir esta entrada a raíz de un artículo en El Mundo “Cuando las personas van antes que el mercado”, sobre la economía social, que es aquella en la que se antepone el capital humano al resto del capital, aquella en la que dentro de las empresas lo más importante es que los trabajadores disfruten de un salario y unas condiciones de trabajo aceptables. En este punto se diferencia de la economía tradicional (o capitalista) en que en ésta la prioridad es el beneficio, lo cual entra en conflicto irremediablemente con los intereses de los empleados. Y es que esta batalla entre la calidad de vida de los trabajadores y los beneficios no termina nunca, puesto que el ideal económico no es simplemente obtener beneficios, sino maximizarlos hasta el infinito, lo cual termina yendo en detrimento de lo primero.

Es cierto que la innovación puede reducir costes sin afectar a los empleados, pero también es verdad que si un empresario ADEMÁS de implantar esa nueva tecnología puede reducir los salarios de sus empleados u otros gastos a costa de su seguridad laboral (dentro de los mínimos legales) lo harán, puesto que así obtendrá un mayor beneficio. Y es por eso que son necesarios los convenios y la legislación laboral, para proteger los derechos de los trabajadores frente a los más acérrimos defensores del beneficio. Por eso ahora, en una época donde la protección de los derechos de los trabajadores se está viendo mermada (veáse la reforma laboral), son tan necesarias estas iniciativas de economía social donde el objetivo no sea MAXIMIZAR el beneficio, sino obtener un superávit que permita mantener la empresa en funcionamiento.

“Vale, vale, eso de que en las cooperativas a los trabajadores se les trate bien suena cojonudo, pero seguro que esas empresas se van a pique, porque gastarán muchísimo en salarios y no podrán competir con las demás”. Pues bien, existen multitud de cooperativas, como se explica en el artículo, que son viables y funcionan bien. Tal vez no igualen los beneficios de sus competidoras, tal vez no hay directivos con grandes sueldos y lo más seguro es que no coticen nunca en el IBEX 35 pero ¿qué más da? Ganan más dinero de lo que gastan y una parte normalmente se reinvierte en beneficio de la propia empresa y los trabajadores no deben entrar en conflicto con nadie. No serán las más punteras en I+D+I ni harán grandes avances para la tecnología mundial, para eso ya hay grandes multinacionales. No defiendo un modelo económico basado en las cooperativas, puesto que también hay que reconocer sus limitaciones, pero defiendo su importancia en un mundo donde se encuentran casos de sueldos astronómicos en entidades deficitarias y donde una empresa puede anunciar beneficios millonarios y un ERE de 200 trabajadores al mismo tiempo en nombre de la maximización de los beneficios. (véase los casos de Telefónica o el banco británico HSBC)

Por esto último veo cada vez más necesario que se produzca un cambio en nuestras prioridades desde la competitividad a la cooperación (me refiero a la competición y colaboración entre trabajadores y empresarios sobre salarios y condiciones laborales) y desde el beneficio empresarial al beneficio humano, y puede que entonces se puedan corregir de alguna manera las enormes desigualdades que existen hoy en día en el mundo.

Reflexión extra:
El tema de las cooperativas me recuerda a algo que estudié durante este curso en historia económica sobre el modelo feudal: En la Edad Media surgió el modelo de “open fields”, en los que cada agricultor aportaba su parcela de tierra a la comunidad y todas ellas eran administradas comunalmente por los participantes. Lo interesante es que, a pesar de ser una entidad ineficiente y estar, por tanto, condenada a ser reemplazada por una más eficiente, los “open fields” se mantuvieron durante algún tiempo, puesto que presentaban una ventaja fundamental: Aseguraban una remuneración más o menos regular todos los meses para cada campesino, puesto que se compensan los déficits y superávits de unas parcelas y otras, protegiéndolos en caso de sufrir una mala cosecha. Esto se traduce básicamente, en una mayor seguridad, lo cual, tratándose de una época como la medieval(de gran inestabilidad e inseguridad, se puede considerar de gran importancia y una gran ventaja con respecto al modelo de gestión individual. Y pensando en esto que acabo de explicar yo me pregunto: ¿No es cierto que vivimos en un periodo de gran inestabilidad e inseguridad comparable (salvando las distancias) con el feudal? ¿No sería beneficioso tomar ejemplo de esta gestión comunitaria?

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